La iglesia: ¿Avanza o retrocede?

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Un periodista celebraba, en las noticias de la mañana, el que por fin la iglesia diera pasos adelante y estuviera dispuesta a avanzar. Otro periodista del mismo programa minimizaba la noticia y aseguraba que no había que entusiasmarse demasiado: “Todavía esperamos mucho más”.

El motivo eran las declaraciones del Cardenal relator del sínodo extraordinario de obispos sobre la familia, Péter Erdö, sugiriendo una inédita percepción de la curia hacia los homosexuales.

La pregunta es: ¿Quiénes son estas personas para evaluar si la iglesia avanza o retrocede? ¿Quién los califica como evaluadores? ¿Qué saben de Teología, de la Biblia, de la pastoral? Probablemente nada. ¿Qué saben de Dios? Mucho menos.

Pero esto está sucediendo todos los días. El mundo sin Dios, marca la agenda de la iglesia y le dice qué debe hacer y qué no (A veces solo lo pretende, muchas veces lo logra). La premia o la castiga, ya sea con el aplauso desconfiado o el menoscabo total. La presidenta, la oposición, los opinólogos, los artistas, todos le dicen a la iglesia lo que tiene que hacer. El príncipe de la potestad del aire, el cual opera en lo hijos de desobediencia, se pone como árbitro y juez de la misión de la iglesia.

El problema es cuando la iglesia es domesticada por este adoctrinamiento, o engañada por su lógica, o seducida por sus recompensas y entonces adopta esta agenda del pensamiento dominante.

Algunos ejemplos relacionados con este tema en particular.

Hace unos años, en un encuentro de iglesias de mi denominación, tuvimos que escuchar la disertación a una oradora repitiendo el discurso de uno de esos talleres organizados por el estado, advirtiéndonos que la familia, tal y como la conocimos, ya no existe; de modo que ya no podemos presentar el modelo de un papá, una mamá y un par de niños como símbolo de una familia. Observación: Nadie desconoce la realidad de la fragmentación familiar, pero esto no hace más que reforzar nuestra tarea de mostrar más acentuadamente el ideal cristiano.

Hace unos meses, leyendo una revista, encuentro un artículo escrito por un profesor influyente de nuestro seminario teológico, discutiendo el tema de la masculinidad. Interesado por alguna buena definición, encuentro asombrado esta conclusión: “¿Qué es entonces lo específicamente masculino? Quizás a estas alturas, la pregunta ya no es pertinente.” Observación: En medio de este tiempo de inédita confusión, definir y comunicar una y otra vez la esencia de la masculinidad creada por Dios no solo es pertinente sino indispensable. Dejar el concepto de masculinidad vacío de contenido diferencial es funcional a la confusión provocada por la propaganda transgénero.

Hace unos días, en otro evento cristiano, me comentan que una oradora comenzó su disertación acerca de sexualidad repitiendo el estribillo de la ideología de género: “El género es una construcción social”. Observación: El problema es que ese estribillo es el final de una canción donde se disocia de manera absoluta el sexo del género, disolviendo el evidente y maravilloso diseño dual (masculino y femenino) de Dios para la sexualidad, que no solo se expresa en los cromosomas y en las hormonas sino también en la esencia diferente del alma de un hombre y de una mujer.

Soy consciente que todo el andamiaje de las ciencias sociales dominantes en la actualidad (Desde Simone de Beauvoir hasta la LGBT) contradice mi perspectiva. Pero para eso soy libre en Cristo: para desafiarlas, y de manera intelectualmente honesta luchar por alcanzar la verdad.

No pretendo que todos mis hermanos en la fe concuerden conmigo en mis convicciones. En todo caso necesitamos espacios de conversación donde pastores y terapeutas cristianos podamos compartir aprendizajes y así crecer hacia nuevas miradas. Lo que ruego es que no repitamos como loros la agenda de un mundo sin Dios.

Tampoco admito que la discusión lleve a una supuesta confrontación entre ciencia y fe. Porque esa no es la confrontación. No se trata de negar el método científico sino de depurarlo de prejuicios ateos. La confrontación es entre una ciencia de personas informadas por el padre de mentira y una ciencia de personas informadas por el Espíritu Santo.

La iglesia no avanza con la agenda que aplaude el mundo sin Cristo, sino que avanza con la agenda que aplaude Dios. Educando la próxima generación en el temor de Dios, luchando contra el abuso sexual infantil, preparando a los jóvenes para la pureza, rescatando a mujeres explotadas y a hombres adictos, empoderando a hombres y mujeres embebidos de un amor sacrificial para ser líderes de la comunidad, fortaleciendo los matrimonios, rescatando a las víctimas de una sexualidad no deseada, afectando las estructuras de injusticia por medio de la solidaridad y la compasión. Y todo esto gracias al único relato redentor, el evangelio; y al único y suficiente Salvador, Jesucristo.

“No vivan según el modelo de este mundo. Mejor dejen que Dios cambie su vida con una nueva manera de pensar. Así podrán saber lo que Dios quiere para ustedes y también lo que es bueno, perfecto y agradable a él.” Romanos 12:2 (PDT)

Pr. Fabián Ruiz

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